ramona

guardiana del monte nativo

cordoba argentina

ramona

guardiana del monte nativo.

cordoba argentina

El canto de los pajaros, junto al sonido de las chapas que aguantan el aguacero, encuentran el ritmo perfecto para comenzar el día. Ramona calienta su té y corta un buen pedazo de cuajada, con dulce de batata. Como ayer, en su pecho, despierta la angustia sembrada por la codicia de los poderosos del agro. La música sigue, gallinas, patos, perros y gatos van sumando acordes, danzandole entre las piernas. Su patio se trasforma en un fiesta de maices volando, leche de cabra, bizcocho y la pava al fuego sonando. En el poste central que sostiene las lonas del techo, se encuentra enrrollada la orden de desalojo que le acercó días antes la jueza del pueblo, invitandola por tercera vez a dejar su vida.

Los hermanos Scaramuzza miembros de la Federación Agraria de Córdoba llevan adelante un litigio contra Ramona. Reclamando ser dueños de las tierras que ella habita hace más de 94 años y que le pertenecían a su padre. Entre papeleos y entongues burocráticos, la justicia y los productores del agro-negocio sojero se escabullen para rociar nuestros montes de glifosato y desplazar a su gente. Empujados por la demanda extranjera de granos, avanzan desmontando campos nativos y arrasando con todo lo que en ellos habite. El modelo agrario actual se basa en la producción de recursos materiales a corto plazo sin importar las consecuencias que esto genere para ser el humano.

Ramona es un ejemplo fortaleza, de dignidad, enfrentando las injusticias del sistema judicial que con sus vacíos pisotea los derechos legítimos de los habitantes de la tierra. Por debajo de la mesa se mueven nubladas negociaciones, que destraban todo problema de papeles caratulando como legal despojos ilegítimos de miles de personas en el territorio nacional.

Guardiana del monte, flora y fauna. Guardiana de nuestro futuro, amante de la tierra que hace tanto la vio nacer, se alza firme Ramona con la desición de no abandonar su territorio, de no entregarlo al desmonte, al envenenamiento de sus suelos. Libre como las calandrias que le silban al oido desde niña, se para cada mañana sabiendo que el acoso y las presiones cesarán, que la justicia vendrá de la mano de la gente cansada de atropellos. El caso de Ramona no solo devela los vacios de la justicia, que dicta sentencias sin contemplar el contexto, sino también las articulaciones sombrías entre los poderosos del agro, los politicos de turno y la fuerzas de seguridad. Este caso pone en discusión una de las aristas perversas que tiene este modelo de producción voraz que instauró la revolución verde.

Madre, abuela sabia de su comunidad. Símbolo de dignidad de un pueblo campesino silenciado, corrido de sus tierras ancestrales. Ramona Orellana, con su ejemplo, siembra resistencias en todo el territorio nacional, despierta a un pueblo golpeado que hoy se posiciona a su lado abrazandola, velando por su seguridad.

El canto de los pajaros, junto al sonido de las chapas que aguantan el aguacero, encuentran el ritmo perfecto para comenzar el día. Ramona calienta su té y corta un buen pedazo de cuajada, con dulce de batata. Como ayer, en su pecho, despierta la angustia sembrada por la codicia de los poderosos del agro. La música sigue, gallinas, patos, perros y gatos van sumando acordes, danzandole entre las piernas. Su patio se trasforma en un fiesta de maices volando, leche de cabra, bizcocho y la pava al fuego sonando. En el poste central que sostiene las lonas del techo, se encuentra enrrollada la orden de desalojo que le acercó días antes la jueza del pueblo, invitandola por tercera vez a dejar su vida.

Los hermanos Scaramuzza miembros de la Federación Agraria de Córdoba llevan adelante un litigio contra Ramona. Reclamando ser dueños de las tierras que ella habita hace más de 94 años y que le pertenecían a su padre. Entre papeleos y entongues burocráticos, la justicia y los productores del agro-negocio sojero se escabullen para rociar nuestros montes de glifosato y desplazar a su gente. Empujados por la demanda extranjera de granos, avanzan desmontando campos nativos y arrasando con todo lo que en ellos habite. El modelo agrario actual se basa en la producción de recursos materiales a corto plazo sin importar las consecuencias que esto genere para ser el humano.

Ramona es un ejemplo fortaleza, de dignidad, enfrentando las injusticias del sistema judicial que con sus vacíos pisotea los derechos legítimos de los habitantes de la tierra. Por debajo de la mesa se mueven nubladas negociaciones, que destraban todo problema de papeles caratulando como legal despojos ilegítimos de miles de personas en el territorio nacional.

Guardiana del monte, flora y fauna. Guardiana de nuestro futuro, amante de la tierra que hace tanto la vio nacer, se alza firme Ramona con la desición de no abandonar su territorio, de no entregarlo al desmonte, al envenenamiento de sus suelos. Libre como las calandrias que le silban al oido desde niña, se para cada mañana sabiendo que el acoso y las presiones cesarán, que la justicia vendrá de la mano de la gente cansada de atropellos. El caso de Ramona no solo devela los vacios de la justicia, que dicta sentencias sin contemplar el contexto, sino también las articulaciones sombrías entre los poderosos del agro, los politicos de turno y la fuerzas de seguridad. Este caso pone en discusión una de las aristas perversas que tiene este modelo de producción voraz que instauró la revolución verde.

Madre, abuela sabia de su comunidad. Símbolo de dignidad de un pueblo campesino silenciado, corrido de sus tierras ancestrales. Ramona Orellana, con su ejemplo, siembra resistencias en todo el territorio nacional, despierta a un pueblo golpeado que hoy se posiciona a su lado abrazandola, velando por su seguridad.

Amazonía Ecuador

 

Ritual de la Wayusa Upina comunidades Kichwa de Pastaza

Amazonía Ecuatoriana

 

Ritual de la Wayusa Upina comunidades Kichwa de Pastaza

Son las 04:00 am en la localidad de Villa Flora, territorio Kichwa de Pastaza. En la escuela del poblado, hombres y mujeres cumplen sus tareas, dando inicio al ritual ancestral. En el ambiente se respira wayusa hervida. El espacio no tiene paredes y está rodeado por una vegetación muy tupida, iluminada por cuatro fogones a leña que invitan a acercarse. La gente se mueve despacio y entre sombras van tomando posición. La hoja milenaria nadando en las aguas va desprendiendo su poder energizante. La infusión se sirve en Pilches (Mates anchos) y luego se reparte en ronda. En este ritual se narran los sueños de la noche anterior, se analizan en conjunto y se toman precauciones para afrontar la jornada.

Entrada la madrugada, la ceremonia continua con la inhalación de Tabaco macerado, a esto le llama la “Singada”. La más antigua de la comunidad, exprime las hojas de esta planta en los orificios nazales de los vecinos, quienes llegado su turno se arrodillan ante ella alzando la cabeza. El tabaco entra por la nariz, los rostros se estremecen y la mandígula se traba, dando inicio a la limpieza física, emocional y energética.

 Entre charlas de política, el amanecer recibe a los hombres con el sónido vibrante del amazonas que no descansa. Nadie levanta la voz, se comparten miedos, revindicaciones, pensamientos, estrategias a seguir. Las mujeres ultiman los detalles para el desayuno, y los niñes ya empiezan a correr entre juegos. Como cierre se realiza la limpieza de Ruda, que consiste en frotar por el cuerpo hojas de esta planta. Con el fín de recibir protección, los cuerpos ardidos comienzan a perderse en la selva iniciando así su jornada laboral.

Villa Flora. Amazonía Ecuatoriana. 2019

 

Son las 04:00 am en la localidad de Villa Flora, territorio Kichwa de Pastaza. En la escuela del poblado, hombres y mujeres cumplen sus tareas, dando inicio al ritual ancestral. En el ambiente se respira wayusa hervida. El espacio no tiene paredes y está rodeado por una vegetación muy tupida, iluminada por cuatro fogones a leña que invitan a acercarse. La gente se mueve despacio y entre sombras van tomando posición. La hoja milenaria nadando en las aguas va desprendiendo su poder energizante. La infusión se sirve en Pilches (Mates anchos) y luego se reparte en ronda. En este ritual se narran los sueños de la noche anterior, se analizan en conjunto y se toman precauciones para afrontar la jornada.

Entrada la madrugada, la ceremonia continua con la inhalación de Tabaco macerado, a esto le llama la “Singada”. La más antigua de la comunidad, exprime las hojas de esta planta en los orificios nazales de los vecinos, quienes llegado su turno se arrodillan ante ella alzando la cabeza. El tabaco entra por la nariz, los rostros se estremecen y la mandígula se traba, dando inicio a la limpieza física, emocional y energética.

 Entre charlas de política, el amanecer recibe a los hombres con el sónido vibrante del amazonas que no descansa. Nadie levanta la voz, se comparten miedos, revindicaciones, pensamientos, estrategias a seguir. Las mujeres ultiman los detalles para el desayuno, y los niñes ya empiezan a correr entre juegos. Como cierre se realiza la limpieza de Ruda, que consiste en frotar por el cuerpo hojas de esta planta. Con el fín de recibir protección, los cuerpos ardidos comienzan a perderse en la selva iniciando así su jornada laboral.

Villa Flora. Amazonía Ecuatoriana. 2019

 

Santuario Trans

Santuario Risaralda, Eje Cafetero Colombia. Julio 2019

Santuario Trans

 

Desde una historia de amor me sumerjo en el mundo de las trabajadoras trans en el eje cafetero Colombiano.

Este trabajo se desarrolla en una plantación de Café en Colombia y aborda de forma intima la historia de amor de dos trabajadoras trans. En el corazón del eje cafetero, se encuentra el pueblo Santuario, conocido por su historial conservador y por la calidad de sus frutos. Hace unos años debido a la baja del precio internacional del producto, la mano de obra calificada migró hacia otras regiones y los comerciantes se encontraron con escasez de trabajadores.

En este contexto, los desplazados del conflicto interno colombiano y las niñas trans, corridas de sus comunidades indigenas por su decisión sexual, son el blanco ideal para las redes precarizadas de empleo golondrina y llegan al lugar en busca de trabajo, techo y comida. La violencia duele al país desde hace décadas, por lo cual la desconfianza se siente entre sus pobladores y ante el periodismo la respuesta suele ser negativa y tajante quedando muchas historias invisibilizadas.

Este trabajo pudo sortear esos obstáculos para sumergirse en el cotidiano, poniendo el acento en el coraje de estas jovenes trabajadoras que se animan, contra todo pronóstico a perseguir un sueño de libertad, desafíando a una sociedad injusta que las necesita calladas y productivas a bajo costo.

Santuario Risaralda, Eje Cafetero Colombia. Julio 2019

Este trabajo se desarrolla en una plantación de Café en Colombia y aborda de forma intima la historia de amor de dos trabajadoras trans. En el corazón del eje cafetero, se encuentra el pueblo Santuario, conocido por su historial conservador y por la calidad de sus frutos. Hace unos años debido a la baja del precio internacional del producto, la mano de obra calificada migró hacia otras regiones y los comerciantes se encontraron con escasez de trabajadores.

En este contexto, los desplazados del conflicto interno colombiano y las niñas trans, corridas de sus comunidades indigenas por su decisión sexual, son el blanco ideal para las redes precarizadas de empleo golondrina y llegan al lugar en busca de trabajo, techo y comida. La violencia duele al país desde hace décadas, por lo cual la desconfianza se siente entre sus pobladores y ante el periodismo la respuesta suele ser negativa y tajante quedando muchas historias invisibilizadas.

Este trabajo pudo sortear esos obstáculos para sumergirse en el cotidiano, poniendo el acento en el coraje de estas jovenes trabajadoras que se animan, contra todo pronóstico a perseguir un sueño de libertad, desafíando a una sociedad injusta que las necesita calladas y productivas a bajo costo.

Santuario Risaralda, Eje Cafetero Colombia. Julio 2019

Florentín

 

Historia de vida de Estaban Florentín. Personaje popular del barrio de La Boca, Buenos Aires. Argentina.

Rozando su adolescencia decidió dejar atrás su pueblo natal en la provincia de Corrientes. Resguardando consejos en el interior de su certeza prematura, se lanzó a perseguir sus sueños adentrándose en un nuevo mundo que lo esperaba ansioso en Buenos Aires.
Esteban Florentín, más conocido como Hormiga Roja, vive en Jose C. Paz. A sus 71 años se traslada a diario al barrio de La Boca, donde en contacto con los turistas, además de ganarse la vida envuelto en sus telas rojas, grita al mundo sus verdades.

Jose C. Paz- La Boca, Buenos Aires- Argentina.  2015

Haití

Ensayo fotográfico, posterior al terromoto que sacudió a la isla. 2010.

El 21 de Mayo del 2010 entré por tierra desde la República Dominicana a Haití. En el trayecto hacia su capital, apostados al costado de la ruta, los asentamientos de lona daban vida a las escalofriantes cifras de damnificados que, día a día, aumentaban en ceros.

A cuatro meses del terremoto, Puerto Príncipe me recibió envuelta en un manto de desconcierto. Familias enteras durmiendo a la intemperie, formando por las noches una sola cadena de abrazos que concluían con las últimas pertenencias que habían podido rescatar. Los niños perdidos deambulaban sobre montañas de escombros que inundaban las esquinas con olores inolvidables.

La catástrofe del 12 de enero del 2010 se cobró más de 300.000 mil víctimas fatales en la capital más pobre del hemisferio.

Como respuesta, Estados Unidos envió 12 mil marines armados hasta los dientes, que ocuparon durante los primeros días todos los puntos claves de control. Reforzando así a las tropas de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití (MINUSTAH), que desde el 2004 intervienen militarmente el país. Más conocidos como Cascos Azules y con un total de 12.294 efectivos, esta Misión coordinada por la ONU, se suma con sus prácticas a la larga lista de atropellos contra los derechos humanos que sufre el pueblo caribeño.

Al poco tiempo salí de Puerto Príncipe. Moviéndome por las comunidades campesinas pude conocer otra realidad. El campesinado representa el 60% de la población total del país que asciende a unos 10 millones de habitantes. Teniendo en cuenta este porcentaje, y su capacidad elevada de producción en condiciones adversas, este segmento de la sociedad, sin intervención económica, sería una clara esperanza de desarrollo productivo sostenido en Haití.

Haití 2010.

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